La vida con otros ojos y con otros pulmones: Yuliana Zuluaga

Por: Elizabeth Gómez Montoya.

10472734_830047780361703_1202704115479366433_n-e1439516248283Ella dormía, cuando ese miércoles 5 de marzo a las 6:30 de la mañana el doctor Jorge preguntaba por “La Mona” y le decía “levante a Yuliana, organícese como pueda y vamos que resultó el donante”.
Todavía Yuliana no entiende cómo logró bañarse en tan solo diez minutos. Su rutina diaria era extensa, cada ocho días lavaba todo su cuerpo, no lo podía hacer día tras día, como las demás personas, pues gastaba la poca energía que le quedaba y sus pulmones, a pesar del oxígeno que utilizaba día y noche parecían no dar más.
“La Mona”, como le decían a su madre Nelsi García Giraldo los médicos de la clínica Cardiovascular, llamó al padre de Yuliana, que estaba trabajando, para que fuera por ellas y las llevara rápido del Carmen de Viboral a Medellín. Luis Gregorio Zuluaga, el padre de Yuliana, llegó a su casa en el taxi que él conduce e inmediatamente ayudó a bajar las maletas con las cosas necesarias para la hospitalización de su hija.
Yuliana recuerda entre risas que su padre con afán de llegar pronto a la clínica, bajó una pipeta de oxígeno totalmente vacía y le tocó volver a subir los mismos cuatro pisos hasta su casa y cambiarla.
Ella es una joven de 23 años, apegada a la vida y creyente en Dios. Su color de piel es claro al igual que sus ojos y su cabello es rubio oscuro. Su sonrisa resalta y más aún cuando habla de su madre y su padre, lo más importante en su vida.
A pesar de que desde sus 8 años le diagnosticaron fibrosis quística la infancia de Yuliana y hasta sus 20 años fue perfecta: risas, juegos, energía inagotable y amiguitos de la cuadra. Una niña amante de los maicitos con queso derretido y de pasar las tardes jugando en la calle del frente de su casa.
Recuerda que ese 5 de marzo se acabó la espera de siete meses para su trasplante de pulmones. Llegaron a Medellín en 40 minutos, a pesar de que el viaje del municipio del Oriente antioqueño a Medellín se demora aproximadamente una hora y media. Relata que ella iba en la parte trasera del carro de su padre y que mientras este conducía lo más rápido posible, su madre la señalaba a ella y a la pipeta de oxígeno y los conductores de los otros vehículos inmediatamente les daban paso.
yulianaCuando llegaron a la Clínica Cardiovascular, el día de la operación, estaba todo el equipo médico listo para el primer trasplante del año, ella ya conocía desde hace varios años a algunos de los médicos y a los cuales recuerda con un inmenso cariño. Después de una operación larga y mucho tiempo de espera, Yuliana “volvió a nacer”. Estuvo internada en la Unidad de Cuidados Intensivos de la Clínica Cardiovascular durante 15 días y hospitalizada en la misma clínica durante un mes y medio para estar en una revisión constante por sus médicos.
Ese nuevo suspiro de vida cambió los días de Yuliana, cuenta que ella era “muy chuchera” y que ahora no lo pude hacer, porque todos sus alimentos deben de ser totalmente esterilizados, tuvo que dejar de ir a enseñar a la guardería donde trabajaba, puesto que ahora debe cuidarse de algunas bacterias que pueden transmitirle así sea una simple gripa.
Cuenta que su vida dio un giro total, que ahora puede hacer las cosas por ella misma, puede salir a trotar y a montar bicicleta. A veces dice que ella está respirando por otro, que cómo sería la vida de quien le donó sus pulmones y que eso le ha generado como una “depresión post parto” que con el tiempo irá superando.
Hace ya cinco meses y medio Yuliana tiene unos nuevos pulmones, con los que puede hacer todo lo que no hizo desde sus veinte años, dice que ya sale a bailar y a “ echar lengua” que es lo que más disfruta. Relata que ahora el médico la regaña y que ella le dice entre risas “a mí no me moleste” y él responde “ay Yulianita usted si no va a cambiar”.
Y es que Yuliana ahora cae en la cuenta de que ella su enfermedad la tomó muy “deportivamente” y su buena actitud fue la que llevó a que todo saliera de esa manera. Tuvo momentos donde le decía a Dios: “Dios mío, yo no me quiero morir aún, por qué me pasó esto a mí o para qué”.
Ahora no tiene que pensar en las seis nebulizaciones al día que se hacía desde sus 20 años y en todas las limitaciones, subir las escalas de su casa cinco y seis veces en el día no es un sacrificio y ver la vida con ojos diferentes ahora es la vida de Yuliana.

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