En memoria a Nataly, la bailarina de sueños

Por: Camila Alzate Ramírez.Nataly Herrera

Nataly es una joven que disfruta del maravilloso mundo de las letras, que escribe y lee cada día, que lloró leyendo “Bajo la misma estrella”, que sonrió con su animé favorito y que el 31 de marzo celebró sus quince años en el salón de la iglesia.

Recuerda que ese día llevaba puesto un vestido fucsia, que en las paredes había bombas de estrellas plateadas, que cuatro personas bailaron el vals con ella, que salió en más de una fotografía, que recibió más de una rosa y que apagó quince velas. Esa noche fue todo como alguna vez lo imaginó.

Al igual que su hermano Nicolás Herrera de 17, fue diagnosticada con fibrosis quística. Aunque los pacientes suelen fallecer a temprana  edad y por infecciones pulmonares, Nataly es la muestra de que se puede sobrepasar la edad y luchar. Doriela de 55 años  y Evelio de 67, son los padres, encargados las 24 horas del cuidado de Nataly, le enseñan a tomar los medicamentos y a realizar las nebulizaciones que, aunque ella sabe que son de gran importancia en su diario vivir, en ocasiones le causa pereza realizarlas.

Nataly dejó sus estudios el año pasado por su desmejoramiento en la salud, sin embargo, no dejó sus sueños ni sus ganas de terminar el grado noveno, razón por la cual recurrirá a un cibercolegio para finalizar los demás grados y obtener el diploma que tanto desea para poder acceder a la educación superior.

“Sueño con estar mejor más adelante, poder entrar a la universidad, terminar la secundaria, que me den un  título y estudiar Psicología, que eso le sirva a los demás cuando yo trabaje, Dios  quiera que pueda cumplir ese sueño, pues cuando hablo con gente que se siente deprimida o que tienen problemas dicen que yo parezco  una psicóloga porque los hago sentir mejor, entonces yo siento que tengo la vocación, yo pienso que puedo ayudar a muchos niños”.

Esta niña de piel blanca, de cabellera negra, larga y abundante, de contextura delgada y estatura baja, prefiere pasar el tiempo con su familia viendo películas animadas y escribiendo poemas, creando su mundo de fantasía en el cual ella es libre de hacer más cosas y de volar entre los árboles que puede apreciar a través de la ventana de la sala, desde ese mueble en el cual a diario se queda dormida.

Cuando se trata de salir, de ir al centro comercial a comer carne asada, se le quita el sueño y la pereza, olvida que debe subir y bajar más o menos entre 60 escaleras para llegar a su apartamento, que está en el quinto piso.

Para Nataly lo más importante es aferrarse a la vida, valorar el esfuerzo de su madre y no dejarse afectar por los demás: “no lo demuestro pero valoro mucho el esfuerzo de mi mamá, valoro esa mamá que me tocó a mí, fue la ideal, gracias a Dios porque me tocó esta, que se esfuerza mucho, me quiere ver bien pero me da pesar verla triste porque me enfermo, trato de decirle que no estoy enferma pero se nota”.

A quienes gozan de buena salud, Nataly les dice que “hagan las cosas bien, que se esfuercen, hay personas que dicen: qué pereza el estudio y uno queriendo estudiar, ojalá no desperdicien la vida y la disfruten sin las drogas y las cosas malas, que valoren que ellos tienen más oportunidades que uno”. Así se despide Nataly, se vuelve a poner la cobija de fondo rosado y flores blancas, se acuesta en el mueble en posición fetal con el oxígeno en sus fosas nasales y vuelve a dormir.