De una enfermedad a un estilo de vida: Marcia

Por: Verónica Uribe
11149336_10155390716910693_5784892563998390827_n-e1439516362546La última vez que vio el reloj eran las diez y veinte de la noche, recuerda que se despidió de todos los médicos que se habían convertido en su familia y de sus papás. Llena de nervios esperó a que le hiciera efecto la anestesia mientras los doctores le repetían que de ahí solo pasarían cosas buenas. En el hospital todo el mundo hablaba de que por fin estaban operando a Marcia.
El diagnóstico llegó después de 15 años de vivir con asma cuando Marcia y su familia decidieron recurrir a un médico de adultos que por descarte resolvió mandarle la prueba de la fibrosis quística junto con muchos otros exámenes. La prueba dio positiva, explicando así todo un pasado de supuestas gripas, neumonías y asma crónica.
En seguida del diagnóstico su cuerpo empezó a decaer rápidamente, se veía obligada a pasar largos periodos de tiempo en el hospital, con fuertes crisis e infecciones. Desde entonces Marcia se propuso seguir su vida a pesar de la enfermedad. Trató de ser lo más normal posible. Cuando salió del colegio decidió estudiar Derecho y pese a que todos los profesores y compañeros conocían su caso y la apoyaban, las fuertes crisis la obligaron a retirarse y dedicarse de lleno a su salud.
Los médicos le recomendaban empezar a pensar en un trasplante porque sus pulmones funcionaban cada vez menos y debía dormir con oxígeno y sentada. Lo peor era el momento en que despertaba y empezaba lo que ella recuerda como “la tos mañanera”: una tos cargada de flema que se demoraba toda la mañana en irse, muchas veces llegaba con vómito y le quitaba el apetito.
No obstante para su familia y ella que vivían en Bogotá debía existir otra solución aparte del trasplante. En esos momentos en Colombia no se hablaba de ningún caso exitoso de trasplante de pulmones y era muy poco lo que los médicos sabían sobre la enfermedad en general. Fue entonces cuando decidieron viajar y alejarse de la altura de Bogotá. En un rápido paso por Medellín, visitaron médicos más informados sobre la fibrosis quística, mejoraron totalmente su tratamiento y la ingresaron en lista de espera para un futuro trasplante.
Marcia tiene suerte, cinco años pueden parecer un tiempo largo en expectativa de un donante, sobre todo en tales circunstancias, pero está agradecida porque sabe que muchos nunca lo reciben. En Colombia se ignora esta enfermedad, hasta los mismos médicos muchas veces la desconocen y la expectativa de vida en otros países es casi del triple.
El día llegó, después de una fuerte lucha por subir de peso. Eran las cinco de la tarde, un 2 de enero del 2012, cuando recibió lo que al principio pensó como todo los años, que era una llamada de agradecimiento de aguinaldos por parte de su médico.
“Marcia ¿qué fue lo último que comiste hoy y a qué horas?”, le preguntó el médico a través del teléfono. Sin entender muy bien lo que pasaba, pensó en el sánduche que se había comido a las 4 de la tarde. “Perfecto te espero aquí en la Cardiovascular en una hora”.
Abrió los ojos en la mañana del 5 de enero, después de la cirugía y 3 días de inconsciencia. Recuerda mirar a los lados y encontrarse amarrada y entubada. Un dolor muy grande en todo el pecho y la espalda no la dejaba pensar. Las felicitaciones iban y venían confirmándole que todo había salido bien.
Marcia cuenta además, cómo los médicos le advirtieron que al salir de la operación pasaría de una enfermedad a otra. Y es que manejar un trasplante de pulmones requiere bastante cuidado, pero ella se niega a llamarlo enfermedad “en mi concepto pasé de una enfermedad a un estilo de vida”.
Nunca le ha gustado mucho la rumba, salir hasta tarde ni tomar trago. Ella prefiere ir a comer o quedarse en su casa con los amigos de la universidad. Ahora cursa cuarto semestre de Derecho en la UPB y sueña con ayudar a la gente legalmente en el tema de la salud.
Con el tiempo volvió a disfrutar de toda clase de comida, con una especial preferencia hacia los fríjoles con chicharrón, comida que antes no podía ni ver pero que después del trasplante es su favorita. Le gusta creer que son nuevos gustos que vienen en la genética de sus pulmones.
La primera vez que pudo volver a dormir acostada lloró de la felicidad dándole gracias a Dios. Se goza los pequeños placeres que la enfermedad le había quitado, nunca se pierde la telenovela La Patrona, y todos los jueves se divierte haciendo zumba en una academia al lado de su casa.
Está eternamente agradecida con la clínica Cardiovascular, los considera su segunda familia, aunque después del trasplante no haya tenido que volver. Sabe que le quedan muchísimos años por vivir y los valora, pues la vida le enseñó a disfrutarlos al máximo.

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